lunes, 23 de marzo de 2020

Marguerite Duras, la luna



"Cuando me acostaba, me tapaba la cara. Tenía miedo de mí. No sé cómo, no sé por qué. Y por eso bebía alcohol antes de dormir. Para olvidarme, a mí (…). A veces estoy vacía durante mucho tiempo. Existo sin identidad. Esto da miedo en un primer momento… La felicidad es lo mismo que decir, un poco muerta, un poco ausente del lugar donde hablo.(...)
Ese rostro del alcohol llegó antes que el alcohol. El alcohol lo confirmó… A los quince años tenía el rostro del placer y no conocía el placer." (Marguerite Duras)

“Ella se ha acostado en una tumbona. Podría creerse que se ha dormido. No. Mira. En los suelos de la cubierta, en las paredes del barco, en el mar, con el recorrido del sol en el cielo y el del barco, se dibuja, se dibuja y diluye con la misma lentitud, una escritura ilegible y desgarradora de sombras, de aristas, de trazos de luz rasgada remendada en los ángulos, triángulos de una geometría fugitiva que se desmorona al capricho de la sombra de las olas del mar. Para después, otra vez, incansablemente, volver a existir.”
(El amante de la China del Norte. Duras)

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